Nuestro querido barrio de Chueca se ha convertido en los últimos años en el “Templo del Botellón” (o “botelleo”, como se dice en mi tierra). El barrio paradigma de la modernidad por la tolerancia de sus vecinos, las mejores tiendas y los locales de copas más cool, se ha convertido en un lugar sucio y ruidoso los fines de semana. La causa es el botellón, sobre todo de los gays más jóvenes y de heteros que han venido atraídos por lo tranquilo del barrio; esta es mi experiencia.
Desde el verano pasado, el miércoles es el día del pistoletazo de salida de la marcha en Chueca, pero a la vez comienzan las peleas, los orines y los altavoces portátiles que hacen las noches “insufribles” para vecinos y quienes salimos de una manera cívica.
Este ambiente ha propiciado la llegada de camellos, que según los vecinos, pasan el día bebiendo en las plazas y trapicheando con droga, ...