Marcela y Elisa se casaron en La Coruña en 1901. El matrimonio canónico llegó a realizarse, pero fueron descubiertas por la justicia y la prensa hizo su agosto con la noticia. Los diarios vespertinos destinados a lectores con poca formación y ávidos de sucesos, titularon: ¡Ay, mamá! ¡Si vieses qué amiga más simpática y más buena tengo! Estoy encantada; “Novios de contrabando”; “Asunto ruidoso. Un matrimonio sin hombre”.
A pesar de la oposición familiar, Marcela y Elisa se fueron a vivir juntas a Dumbría, un pueblo gallego en la que era maestra la primera. Las amantes fingieron una estrategia: pelearse. Elisa se marchó del pueblo, y Marcela anunció que se casaría con Mario, un primo de su amiga.
Mientras tanto Elisa se fue un tiempo a La Coruña para transformarse en Mario: se cortó el pelo y empezó a usar trajes de chaqueta y a fumar. Incluso consiguió que un sacerdote católico ...