“El Pusilánime y el Tonto”, una historia de amor en tres actos

Infante Terrible sigue con su etapa “literaria” hasta que alguien le diga…”bajate de la moto que no eres Saramago”. Os cuento una historia en la que puede que algunos os veáis reflejados y otros advertidos. Tiene el carácter aleccionador de “El Libro del buen amor”, y el sarcasmo del “Corbacho”. (Creo que me he pasado, pero para decir, decir.). Que nadie se lleve a engaño, la historia estuvo aderezada de amor y armonía, sólo salpicada por estas anécdotas interesantes…

Primer acto: “El Pusilánime y el Tonto se enamoran”. El Tonto era  jovencito, ilusionado. Conoció a Pusilánime, mayor que él, atractivo y masculino. Desde el principio el Tonto fue atacado por el harem masculino de su pareja: sms, insultos directos en bares…increíble, pero cierto. Por lo que se ve Pusilánime los tenía contentos. Un día a Tonto se le ocurrió decir: “¿no vas a hacer nada cariño?”; y Pusilánime le contestó: “¿soy yo acaso tu guardaespaldas?”. Este acto se corona con la infidelidad de Pusilánime con un chico 14 años menor que él. Tonto, encontró los restos de la “hazaña sexual” en casa. Pero todo continuó. Era tonto.

Segundo acto: “Cuidado con Internet”. Pusilánime era muy bueno y siempre dejaba todo el tiempo del mundo a Tonto para estudiar, también era muy celoso de su independencia, por lo que se negaba a vivir juntos. Pero la persuasiva Internet y “el mosqueo” de Tonto le tendieron una trampa. Tonto se hizo un perfil falso y…el pobre Pusilánime cayó, y le propuso sexo y le adjuntó una foto de su careto. Pero le dijo a Tonto que sólo era “un juego”, y todo siguió igual. Era tonto.

Tercer acto: “Pusilánime nunca defrauda”. Todo iba como siempre, amor, caricias, cenas a la luz de las velas y…los nervios de Tonto destrozados, menos mal que existe el Prozac. Finalmente, Tonto llegó al límite y decidió dejar a Pusilánime. Este no tardó ni cuatro días (literalmente) para acostarse con otro y empezar a salir con él, y hasta hoy. Tonto sigue enamorado de Pusilánime. Como veis Tonto es tonto y Pusilánime nunca defrauda. FIN