Si la envidia fuera tiña…

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“Si la envidia fuera tiña…estaríamos todos rasca que rasca, pica que pica”. El refranero español es rico y preciso. La envidia no es ni mucho menos patrimonio de los gays, se da en todos los grupos humanos, sean heteros, hombres o mujeres, pero hoy me voy a centrar en los gays envidiosos.

“Metámonos todos y sálgase el que pueda”, que diría la gran María Teresa Campos. A quién no le ha pasado que ha adelgazado cinco kilos y ha salido de copas por el ambiente y ni un tío te dice: “qué bien te veo, has adelgazado”. Pero en cambio, si engordas 500 gramos, al minuto te dicen: “te veo muy recuperado, ¿no?”.

No sólo el físico es objeto de envidias. Quienes viven de alquiler, envidian a los que han comprado una casa. Y los que han comprado una casa, aunque estén hipotecados hasta las cejas con su pareja durante 30 años (y esa obligación contractual es lo único que los mantiene unidos), envidian la libertad de los que viven despreocupados de alquiler. Y también envidian a los que han comprado solos, sin pareja, porque no tendrán que pasar por el reparto de la casa cuando rompan con su novio…

Una importante causa de envidia es la formación académica. Ahora que se lleva tanto la titulitis, considerar que alguien es mejor o peor porque sea licenciado universitario, algunos mienten como bellacos acerca de su formación. Así, cuando conoces a un chico, que siempre hubiera deseado licenciarse como tú, será capaz de decirte que es ingeniero con tal de no quedar mal. También están los conocidos que te han vendido la moto de una formación académica impecable y en realidad son bachilleres. Título este muy loable, que ya ensalzaba Cervantes con su bachiller Sansón Carrasco, en “El Quijote”.

Otro ámbito donde fructifica la envidia es el laboral. En el momento en que los gays envidiosos te ven prosperar laboralmente, que encuentras un buen trabajo, te mandan a una ciudad más grande y conoces gente interesante en tu trabajo…en vez de alegrarse, que es lo que hace la buena gente, intentarán perjudicarte todo lo que puedan. En este aspecto “no te fíes ni de tu sombra”, haciendo uso de nuevo del refranero español.