EL FÍSICO MUEVE EL MUNDO

El dinero ya no mueve el mundo, es el físico, cómo nos doblegamos a la belleza de un brazo bien torneado, a un torso salido del cincel de Fidias e incluso a un pene alabastrino… Los antiguos “poderes” que movían el mundo rinden ya pleitesía a la belleza del cuerpo, a los chulazos, a los pectorales de infarto, a los maxilares prominentes, a las barbas pobladas.

Los años nos han enseñado que de nada vale vestir la mejor camisa de batista egipcia, oler a Lanvin hasta durmiendo y mucho menos haber leído a Trasímaco o haber estudiado una carrera. Ahora el cuerpo del hombre ha reclamado su lugar, y esté adornado con todo lo mencionado o no, es el que mueve el mundo por derecho propio.

¿Quién está tan deshumanizado para decir “que no” a un cuerpo bello?, ¿quién se resiste a descansar la cabeza sobre un hombro musculado?, ¿quién es tan soberbio como para no entrar en éxtasis ante la visión de unos glúteos hirsutos y prominentes?

Quienes critican a los Narcisos de nuestro tiempo son unos inconscientes, si ellos no existieran perderíamos la sal de la vida, auténticas obras de Arte vivientes, surtidores de placer estético y sensual. Y, en el fondo, criticar la Belleza es síntoma inequívoco del peor de los males de un gay, la envidia.