Juan Pablo II, homófobo o beato

El papa Juan Pablo II será mañana beatificado, es decir, se le podrá rendir culto en los altares. Karol Wojtyla  ha sido el papa más carismático desde Pío XII, mezclando en sus 29 años de pontificado la “modernidad”, circunscrita a viajar mucho, con la defensa de dogmas medievales.

Cara a los medios fue siempre el anciano de la sonrisa perpetua. Como líder político subvencionó presuntamente al Sindicato Solidaridad para liberar a su patria, Polonia, del comunismo. En el plano de la espada espiritual, Juan Pablo II no dudó en excomulgar a los obispos nicaragüenses de la Teología de la Liberación.

Sin duda, este Vicario de Cristo era un hombre de su tiempo y usó los Medios como nadie para extender su ideología: tenía portal en Internet, periódicos, radios y televisión a su servicio, para él las pragmáticas y exhortaciones papales se quedaban anticuadas.

Karol se mostró implacable: no a los anticonceptivos, a pesar del necesario control de la natalidad en muchos países asolados por hambrunas; no al uso del preservativo, aunque miles de africanos morían cada mes por esta causa. En cambio, encubrió lo que pudo a los sacerdotes y obispos pederastas, siendo el caso más sangrante el del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel.

El pontífice hizo alarde de su misericordia y aclaró que “la Iglesia no da la espalda a los homosexuales, pero les exhorta a no mantener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo o caerán en pecado mortal”. Pidió para nosotros “piedad, consideración y respeto, pero nunca aceptación”. En su encíclica “El Evangelio de la Vida” calificó a los activistas gays de precursores de la que llamaba “Cultura de la Muerte”, comparándolos con el genocidio. El actual papa, Benedicto XVI, cuando era sólo Ratzinger, defensor de la fe, intentó persuadir a los gobiernos de que no ampliasen los derechos civiles de los gays, sin éxito, claro.