Los cuatro fantásticos

Cuando llegué a Madrid hace cuatro meses pensé que iba a estar más sólo que la una. Una ciudad gigante, millones de personas y un ambiente hostil lo presagiaban. Pero nada más lejos de la realidad. Yo siempre había querido vivir en la Villa y Corte, ya la conocía desde hacía años, pero me daba miedo encontrarme solo, solo de verdad.

Hacía unos años conocí a un par de amigos castellanos hasta la médula, ambos viven ahora en Madrid, y me presentaron a otros dos amigos. Así se conforma mi grupo de “cuatro fantásticos”.

Al principio conocí, con algo de “profundidad”, a “Leoncito” (llamémosme así). Un chico encantador, aniñado, alto y espigado, un infanzón de Castilla la Vieja, pero cool (el que puede, puede). Desde el verano en que nos vimos por primera vez se ha forjado una amistad entrañable. Por entonces yo era su tipo, un chico bajito, moreno y con una cara de infarto, aunque esté mal que yo lo diga. Es un trabajador nato, lo que nos impide vernos más. A pesar de que es reservado en grado sumo, yo le tengo un cariño especial.

A la vez conocí a otro infante de la misma villa que el anterior, al que llamaremos “Mistral”, por su imitación de la celebérrima dama de los escenarios Nati Mistral, sobre todo piropeando a Doña Sol, su perrita. Mistral es más abierto, siempre me atiende, es el paradigma del caballero castellano. Por desgracia nos vemos poco, el amor que le ha traido a Madrid le reclama…a mi también me pasaría.

Mención especial en mi corazón merece “Delirio”, su nombre le viene por su gran afición al conocido local madrileño. Es un fan de la Pantoja…y de los chulazos. Este chico siempre encuentra un hueco par llamarme, nos reímos juntos hasta más no poder…y siempre se acuerda de mi para todo. Esta noche he quedado con él, ¡seguro que la noche será memorable!

Finamente, y completando el grupo, está “J.L.”. Es irónico, a veces gracioso. aunque un poquito gruñón. Siempre va vestido con cierta tendencia, es mono. Me gusta su compañía, aunque es algo arisco conmigo…tendré que hacer algo para conquistar su amistad.

Siempre les estaré agradecido porque nunca me he sentido desplazado, ya saben que si tengo que volver “a provincias” allí tienen su casa.