Madame Arthur, el travesti del franquismo

El cineasta Eduardo Gión ha vuelto a poner en la palestra al primer transformista del franquismo, Madame Arthur. También ha contribuido a su recuerdo la mención que le dedicó Joan Estrada en los Premios Sebastià Gasch.

Madame Arthur nació cerca de Salamanca llamándose Modesto Mangas, desde niño tuvo un aspecto andrógino. Llegados los ’60 desplumó a dos o tres marabús y se hizo unos espléndidos penachos, convirtiéndose en “la reina” del Paralelo barcelonés.

Tras un periplo por España con la compañía “Sonrisas de España”, consiguió un puesto de ayuda de cámara del ministro de la Gobernación de entonces. Este empleo le permitió conocer al prestigiosos psiquiatra López Ibor y al Premio Nobel Camilo José Cela.

Detrás del ministro acabó en el Maresme y cambió el uniforme de mayordomo por las lentejuelas y los tacones aguja, y se afincó en Barcelona. Empezó como presentador en el cabaret Cambrinus, y pronto conquistó a los censores catalanes y a las clases altas, ávidas de un espectáculo impensable en le resto de la España franquista.

Madame Arthur bailaba, interactuaba con el público y cantaba, siempre en directo y con orquesta. En la sala de fiestas “Barcelona de Noche” fue descubierto por  Federico Fellini, a quien iba dedicado un número “Las noches de Cabiria”. En este número, al estilo de la película Víctor o Victoria”, pasa de ser una meretriz de lujo, una femme fatal, a desprenderse de todos sus aditamentos para quedar con la cara lavada. Esta metamorfosis maravilló al cineasta.

Un sobrino de Cayetana Fitz-James, duquesa de Alba, dirigió para Madame el espectáculo “Incógnito”, en el que participaban 30 hombres travestidos. Esta aventura le llevó tres meses a la cárcel.“Yo soy una cosa rara. Tengo el cuerpo de Cleopatra y la cara de una jaca cortijana de Alvaro Domecq”, Madame Artur.