
Antinoo, un joven de Bitinia, fue recogido por el emperador Adriano en una sus incursiones militares por Grecia. Fue preparado para ser sirviente civil de la casa imperial y acompañó a Adriano en sus viajes. Finalmente se enamoraron. En la época era costumbre la relación entre hombres, no sólo erótica, sino también espiritual y afectiva. Esta buena costumbre se perdió con el paso de los siglos.
Antinoo era muy bello, inteligente y un gran cazador y atleta. Era como una de las esculturas griegas que Adriano coleccionaba en su villa romana, pero esta tenía vida.
Tras años de felicidad Antinoo desapareció en el Nilo, se especula si fue víctima de un complot político o víctima de su gran temor a la vejez, que le llevara al suicidio. Pero la creencia más extendida es que días antes Adriano le había salvado de un león. Antinoo, siguiendo una tradición, pensaba que si se sacrificaba por su amado alargaría su vida.
Durante los dos meses siguientes a su muerte, Adriano lo embalsamó y lo sacó de Egipto. El emperador le erigió un obelisco, le dedicó una ciudad, e incluso ideó su culto. Finalmente Antinoo fue adorado en toda Europa y Asia Menor. Llegó a mimetizarse con Dionisio, Baco y Apolo como patrón de las artes y renovador de la vida.
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hoy primera ves que entro a este blog de lecturas y un mundo de ideas por aprender desde aqui yo que me encuentro en peru un saludo a todos los que visitan este espacio..
Gracias “amor a la lectura”, es un honor recibir un cometario desde el Perú
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