Ambiente gay en la noche veraniega de una capital de provincia

Él es como una quinceañera encerrada en el cuerpo del Increíble Hulk, mi amigo y yo salimos a ver qué nos deparaba la noche. Él con un cuerpo salido del cincel de Praxíteles, yo como un oso de la Casa de Campo.

Todo empezó bien, él encontró a alguien especial, un chico encantador con el que se ve. Me hizo ilusión ver ese coqueteo entre ellos, aunque un poco deslucido por el cansancio acumulado por mi amigo el pasado finde del Orgullo. Yo echo de menos esos cortejos, pero creo que estoy demasiado hastiado.

Pronto encontré a parte de un grupo fenomenal de esta cuidad, un exalcalde pedáneo cercano a Falange…, un bailarín de carrera con más facilidad para subir la pierna que la Paulova y un historiador del Arte con más empaque que los dos hijos de Nati Abascal juntos.

Con este plantel cerramos la ciudad con las auroras del día. Durante la noche vimos todo tipo de fauna: maricas malas, maricas que pensábamos estaban muertas hace años y otras que deberían estarlo por cansinas. Pero los laureles de la noche se los merece un señor entradito en años, con unos leguis de plástico negro y unas botas de cowboy hasta la rodilla en pleno mes de julio y en esta ciudad calurosa y húmeda. No sabíamos si reír  o llamar a urgencias al 112, antes de que entrara en combustión.

Pronto os contaré nuevas historias veraniegas, o eso espero.