Tardes en “Mamá Inés”

 Siguiendo esta corriente de posts de tinte personal, os voy a contar un secreto. Cuando comencé a visitar Madrid, allá por el 2000, siempre iba a tomar café a la decana de las cafeterías de Chueca, “La Troje“. Pero después le encontré su encanto a “Mamá Inés”, al principio de la calle Hortaleza, desde la Gran Vía madrileña.

Es un local que cuida su estética, entre colonial y vanguardista, aunque sin pretensiones. Lo mejor son las exposiciones de pintura y fotografía que recoge. Hasta hace unos días colgaban de las paredes unos óleos de Medinilla, que mostraban un tondo de una bella mujer africana, un grupo de bereberes a caballo… Pero los que más me gustaban eran los de temática religiosa. En uno de los cuadros aparecía una procesión de cardenales a los que el viento les volaba el hábito. En otro se representaba a Juan Pablo II de perfil, arrodillado y apoyado en su báculo.

Ayer había unos lienzos hiperrealistas de los edificios más representativos de Gran Vía, que cumple 100 años.

Pero si hay algo mejor que los cuadros es la clientela, que es variopinta. Desde los chulazos que van o vienen del gimnasio y sólo se relacionan entre ellos, hasta los jovencitos que vienen con sus mariliendres. A mi los que más me gustan son los treintañeros que ójean el periódico o leen un libro. Yo me incluyo en ese grupo, y me encanta cuando alguno de ellos me cruza la mirada, o intenta leer la portda del libro q estoy leyendo…

Sí, todas las tardes, después de terminar mi jornada, me paso por “Mamá Inés”. Es mi momento de relax del día, con mi libro, mi café con leche con sacarina y la sonrisa de un camarero con acento canario, bajito, que creo que se llama Santi.