JMJ 2011 en una España acofensional

La Constitución española define España como un estado aconfesional, esto es, “ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española…” (art. 16.3 CE).

Si durante la semana santa se paralizan todas las ciudades españolas por el paso de las procesiones, que como Arte me parece excepcional pero ha perdido todo su significado y sólo sirven para lucimiento e idolatría de sus cofrades, habría que permitir también los actos de culto y celebración islámicos, protestantes, ortodoxos, judíos o budistas. Aunque mi opinión es que la religión es algo privado e íntimo de cada persona, que debe desarrollarse en su domicilios y templos y no en las escuelas o vía pública.

Dicho esto, me parece correcto que la iglesia católica española reciba a su líder, el Papa, pero que sea ella misma la que organice la seguridad, la infraestructura y elija uno de los cientos de lugares que tienen en propiedad para sus actos.

Otra cosa es que el Gobierno español, ahora socialista, invite a un líder espiritual que es declaradamente homófobo, que condena el matrimonio gay y que prohíbe el uso del preservativo por encima de las muertes por SIDA. Sólo en EEUU, la iglesia tiene 10.000 pleitos por abuso sexual; el líder de la Iglesia católica inglesa autorizó que el pedófilo Michael Hill trabajara como obispo, finalmente fue encarcelado por abusar de nueve niños durante 20 años. Y la guinda del pastel, en Alemania, en el coro que dirigía el hermano del Vicario de Cristo,  Georg Ratzinger, se produjeron vejaciones por cuatro educadores durante 15 años a niños cantores.

¿Cómo sentaría una visita en los mismos términos de un imán islámico que otorga a la mujer el estatus jurídico de un perro?, ¿debemos ofendernos menos los gays por la visita de quien nos ataca continuamente?